En muros de humo reina la amistad,
de nombres sin cuerpo, voces sin calor;
se aplaude la vida, se oculta el dolor, y todo es reflejo, superficialidad.
Familias distantes: en la oscuridad,
guardan sus silencios con leve temblor;
el alma se encierra buscando valor
en días vacíos de falsa verdad.
En medio del ego que intenta brillar
se apaga ese abrazo que fue realidad,
y cuesta encontrar quien quiere escuchar.
Mas si llega el tiempo de ver claridad,
se aprende despacio, sin dramatizar:
no todo es presencia, ni todo es bondad.
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