Rockero de isla, sal y apagón,
grita consignas con distorsión.
Habla de patria desde el amplificador,
pero sueña escenarios de otro color.
Cruza el mar con la guitarra al hombro,
un cuadro de Fidel Castro doblado al fondo.
Lo saca orgulloso en tierra ajena,
como trofeo que siempre enseña.
Revolución cantada, discurso fiel,
rock combativo, pasaporte y hotel.
Vive entre dos mundos sin decidir
qué verdad tocar, cuál repetir.
Entre Fidel, la gira y la canción,
afina su fe según la ocasión.