A Feliberto Pérez del Sol.
No pude darte el peso de un abrazo,
ni oír tu risa al filo de la historia,
mas supe de tu pluma y su memoria,
tu luz trazando mundo en cada trazo.
Cuba guardó tu voz, firme y tenaz,
cronista de lo humano y lo sincero,
poeta de la herida, del sendero
que deja el alma libre y nunca en paz.
De Santa Clara al mundo fue tu modo,
rockero fiel de espíritu encendido,
soñabas con un pueblo redimido
y en cada verso ibas rompiendo el lodo.
Cincuenta y cinco abriles se te fueron,
quedaron la pasión, la buena entraña,
la libertad te honra en su campaña,
el fuego se hizo luz cuando partieron.